jueves, 7 de julio de 2016

MANGUIS, de Paco Gómez Escribano

 
No la conocí.
Nací demasiado tarde para tomar conciencia de aquella España gris y abotargada de principios de los 70, reducto de franquistas recalcitrantes y lecho sobre el que profanar las dignidades, más de treinta años después de la victoria armada, de los que todavía se atreviesen a contradecir la versión oficial.
En aquella España, los de arriba seguían arriba, si no más arriba aún, y el resto se esforzaba por pagar las letras mensuales que les permitía tener uno de esos frigoríficos Candy que incorporaban congelador, con rejillas metálicas como baldas y unas inserciones que simulaban las vetas de la madera en el tirador del aparato.
Era esa España un país cuyas grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao…) llevaban varios años acogiendo a miles de hombres y mujeres, llegados desde el interior de las Castillas y de las tierras más septentrionales. Aquellas personas abandonaron sus casas, a su gente, sus familias, su entorno, amigos… con el único objetivo de labrarse un porvenir con un futuro para sus hijos. De pronto, las ciudades comenzaron a quedarse pequeñas, y sus dirigentes, orquestados por el Estado, dispusieron planes especiales de creación de urbanizaciones en el extrarradio para que allí viviese la nueva mano de obra que habría de alimentar las líneas de producción de las empresas que abastecían, con nuevos productos, el deseo de posesión de una nueva clase social emergente: la clase media. Todos ellos, sin excepción, lucharon por alcanzar el éxito, pero no siempre lo consiguieron. Por unas causas o por otras, fueron muchos los que quedaron por el camino, los que perdieron la partida y tuvieron que abandonar aquel primer piso de alquiler desde el que habían planeado el asalto a su vivienda definitiva, y que al final tuvieron que abandonar para refugiarse en uno mucho más pequeño, peor situado, deficientemente conservado, pero con una renta baja que les permitiese vivir con lo poco que sacaban con los trabajos alternos que les iban saliendo aquí y allá.
Es más que probable que las gentes de aquella España setentera nunca tuviesen constancia del momento exacto en el que algunos barrios comenzaron a convertirse en marginales. En cierta ocasión se dio un atraco a una joyería, luego vinieron los robos a punta de navaja de mujeres entradas en años, las jeringas ensangrentadas arrojadas al suelo de un callejón sin salida… Hubo quien tuvo la oportunidad de huir a tiempo (quien deja su hogar obligado no marcha si no huye) y otros que no fueron favorecidos por la misma fortuna y hubieron de enfrentarse a ese día a día, decadente y desolador, en el que parecía que el futuro ya no iban a poder escribirlo por ellos mismos. Entonces, más que nunca, su porvenir estaba escrito pero, por desgracia, no estaba exento de tachones.

El barrio de Canillejas en el Madrid de 1972 era un barrio de extrarradio repleto de gentes llegadas de otros puntos del país para trabajar en el desarrollo de la capital de España. Era, por lo tanto, un barrio eminentemente obrero, en el que sus hijos crecían en un entorno no del todo favorable. Era, además, el barrio de Paco Gómez Escribano, autor de Manguis, la nueva novela editada por Erein y que constituye uno de los últimos lanzamientos de la editorial donostiarra bajo su serie titulada Cosecha Roja.
En su última propuesta, el autor madrileño nos introduce en una historia turbia, repleta de personajes oscuros y siniestros pero en el que también tienen cabida gentes ingenuas que componen los estratos más bajos de la sociedad. Drogadictos, ladrones, policías corruptos, putas, soplones, tullidos, politoxicómanos, gitanos, exconvictos… Todos ellos aparecen en torno al eje central de la novela, el planeamiento del asalto armado a un furgón que reparte dinero por los bancos del barrio a finales de diciembre.
El inspector Fores, hombre curtido al calor del sistema franquista, es apartado de la carrera a subcomisario, puesto al que llevaba aspirando desde hacía años y hacia el que se sentía único aspirante pues, hasta entonces, los años (por encima de los méritos) otorgaban razón suficiente para dar el salto a un nivel interno de mayor consideración. El inspector, un perdedor que se había jugado la poca dignidad que le quedaba a conseguir ese ascenso, maquina un gran golpe como venganza, y decide contactar con uno de los jefes de la extorsión del barrio, El Torre, para organizar el atraco que le retire definitivamente.
A partir de ese momento, y hasta el final de la novela, Paco Gómez Escribano nos traslada a un lugar apartado de las miradas de los políticos, alejado de los intereses especulativos porque no hay dónde ni con qué especular; una barriada castigada por la delincuencia, consecuencia del malquerer de una sociedad que sólo se arrima a sus calles en busca de su dosis;  un avispero de historias truncadas o, cuanto menos, fracasadas, en el que habitan niños jugando en descampados, yonkis metiéndose jaco a la vista de cualquiera, prostitutas entradas en años, carnes y vicios. Un barrio en el que impera un sistema jerárquico no escrito ni refrendado en votación alguna, pero bajo el que todo el mundo funciona; cada uno hace la guerra a su manera, pero siempre rindiendo cuentas y sin pasarse de listos, porque en Canillejas, al que se cree más listo que los demás, se le troncha el destino.
Con una prosa fluída, unas dosis de humor medido pero necesario para aliviar la tensión, y un estilo que hace buen uso de una jerga a medio camino entre la trena y lo barriobajero, el escritor mantiene el interés del lector capítulo a capítulo y consigue una novela muy entretenida, que se lee en un suspiro, y que dibuja una realidad incómoda de leer, más aún cuando aquella mala vida que viven los personajes de la novela, no ocurren en el Bronx neoyorkino, el Brixton londinense o el Saint-Denis parisino, sino en la propia capital de España. Tan próxima, tan nuestra.
Los personajes que aparecen en Manguis, variados y llenos de matices cada uno de ellos, tienen, evitando a los miembros de la policía, dos puntos en común: por una parte,lo mucho que les ha castigado la vida y que, merced a la paliza continuada, cada uno se encuentra donde se encuentra, situaciones las de ellos siempre precarias y por las que nadie, ni siquiera entre ellos, cambiarían sus vidas; por otra, el deseo exacerbado por romper con su destino, que les llevará a participar de un plan loco y arriesgado a pesar de transmitirles más inseguridades que certezas.
Con este trabajo, Paco Gómez Escribano se acerca a los olvidados de una sociedad que dejaba víctimas de su desarrollo por el camino, y les otorga un protagonismo necesario que llama a realizar una reflexión sosegada si, en el presente y sobre todo en el futuro, con esta crisis que aún nos sigue zarandeando, queremos evitar nuevas víctimas, nuevos barrios marginales, nuevos locos agarrados a un clavo ardiendo, un clavo incandescente que les impida seguir cayendo todavía más bajo, a la exclusión más extrema. Porque ayer fue el robo de un furgón blindado, hoy es un secuestro… ¿y mañana?


MANGUIS
de PACO GOMEZ ESCRIBANO


ISBN 978-84-9746-892-3

Puedes adquirirlo en papel, aquí

ISBN: 978-84-9109-051-9

 Blog del Autor: pacogomezescribano.blogspot.com


Una reseña de Santiago Navascués 
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