miércoles, 17 de septiembre de 2014

LA CASA DE LOS ARQUILLOS de Pilar Aguarón Ezpeleta



El mundo es un pañuelo. No quiero decir con esto que ya haya trotado todo lo que había que trotar y el mundo se me haya quedado pequeño, pues aunque hubiera recorrido todos y cada uno de los rincones de este planeta, estoy convencido de que no por andar dos veces por el mismo sitio, se hace el mismo camino. Y yo tengo siete vidas para recorrer siete veces cada uno de esos caminos.

No, es mucho más que andar y conocer mundo. Es conocer o tener la posibilidad de acabar conociendo a cualquiera que habite sobre la faz de la tierra, el estar conectados entre nosotros a través de personas, que sin saberlo, tenemos en común. Si, somos nosotros quienes hacemos grande o pequeño este mundo, incluso sin necesidad de tener que recorrerlo de punta a punta. Si supierais cuantas veces me he encontrado con personas (o gatos, que la cabra tira al monte y yo, por supuesto, al tejado) que tenían a otras en común, viviendo en distintos lugares e incluso, en tiempos diferentes…pienso que al final Chesterton tenía razón y el mundo no es más que un pequeño e íntimo universo, a pesar de la grandeza del  cosmos.

Muchos millones de personas como para no tener nexos entre nosotros, imposible. Nada sucede al azar, nadie vive su vida sin que esta se cruce con otras tantas vidas. Nadie vive solo en un mundo tan pequeño como este nuestro, aunque nunca llegue a saber, lo mucho que le une a otros que jamás conocerá.



Pilar Aguarón Ezpeleta nos presenta un libro tan difícil de catalogar en un género, como fácil resulta dejarse atrapar por él; una novela corta compuesta por diez relatos que narran otras tantas historias,  en un principio tan dispares unas de otras, para acabar llevándonos  a través de una narración sencilla, elocuente y ausente de florituras, a una sucesión de vidas y vivencias entretejidas con hilos tan finos como resistentes, tanto, que ni el paso de los años puede acabar con esa unión invisible y desconocida por aquellos que formaron y forman, parte de ella.

Escoger a un personaje como protagonista único es imposible. La señorita Matilde Villarrubia, su sirvienta Lucía, el trabajador y paciente Isidro, el emigrante Saturnino, el anticuario Zenón Tranzo o el implacable y duro Hermelo Seoane, todos y cada uno de ellos, junto al resto de personajes que componen la trama se erigen en protagonistas de sus vidas y secundarios de lujo en las vidas de los demás, creando esa Gran Historia compuesta de pequeñas historias que es La Casa de los arquillos; yo diría sin duda a equivocarme que esta, la casa, es la que al final se lleva el gato al agua y se convierte en la protagonista principal de la novela, casa que de una manera u otra, a lo largo de la historia, es el auténtico nexo y punto de convergencia para todos los personajes de la misma. La casa, testigo mudo del tiempo y caja de caudales de secretos, tesoro de piedra de sueños y recuerdos, de añoranzas, de tristezas y alegrías, de vidas y de muertes.

Pilar Aguarón, nos narra una historia que parece pincelada sobre un lienzo, tan visual  que los personajes parecen cuadros contándonos su historia a golpe de claroscuros y difusos trazos impresionistas. Una novela convertida en arte desde el momento en que su autora nos cuenta una historia escrita  con pincel y oleos, y pinta con palabras la vida hecha retrato.

Sencillamente, hermosa.”



LA CASA DE LOS ARQUILLOS

Pilar Aguarón Ezpeleta



Editorial La Fragua del Trovador



ISBN: 978-84-15044-39-0




UNA RESEÑA DE Yolanda T. Villar

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